lunes, 8 de abril de 2013

El dios perdido: próximamente.

  Os presento...



Poco o nada importa si eres un rey, una princesa o un pescador.
Ningún ser humano está a salvo.
Cualquiera puede rendirse ante sus palabras.
Cualquiera puede caer de miedo.
Son seres que gritan cada noche y te hacen perder la cabeza.
Este es un mundo donde los monstruos se presentan como dioses.
Donde los dioses aparecen como monstruos.


   Cada noche, Michelle se enfrenta a su mayor miedo: el mar.
  En sus sueños, ella siempre es devorada por las profundidades de un océano furioso. Este miedo -impuesto por su padre tiempo atrás- esconde un secreto familiar que la llama desde su inconsciente. Le grita que ya es suficiente. Le empuja a descubrirlo antes que sea demasiado tarde y peligroso.
  En el agua, Michelle podría encontrar respuestas atrapadas en el tiempo, ocultas por la muerte y protegidas con el silencio. Respuestas que cambiarán su vida y la de muchos otros.

domingo, 7 de abril de 2013

El inicio.


   ¿Qué quería decirle el cielo?  

   Abrió los brazos y cerró los ojos. Recibió la punzante lluvia que resbaló por su cuerpo. Las gotas de agua crearon caminos transparentes en su piel. Las nubes rugieron furiosas y un relámpago tintó la noche de un azul eléctrico. Se dibujó como el cuerpo deforme de un río.
  En ese mismo instante se escuchó caer algo. Atravesó las entrañas de las nubes, llenas de agua. Cayó desde tan arriba, que cualquiera podría pensar que cayó una estrella.
  El Loco miró el cielo ennegrecido con los ojos muy abiertos. Luego, fijó su mirada en el asfalto encharcado. Sobre la superficie, que más bien parecía un mar negro y revuelto, descansaba una serpiente. Era un serpiente gorda y de color verde, con las escamas afiladas y los ojos amarillos, con los colmillos ponzoñosos y la lengua inquieta.
   No hizo falta que le hipnotizara o engañara. El hombre se acercó al reptil recién llegado y le habló con total normalidad.
   - ¿Te has hecho daño? - y miró el cielo boquiabierto - Habrá sido una caída muy dura
   - Claro que no - le respondió ella - Deberías saber que no soy una serpiente normal.
   - ¿Entonces qué haces aquí?
   - Escapé de ahí arriba.
   - Vaya, ¿no te trataban bien?
  - Desgraciadamente, era una prisionera. ¡Y desde hacía mucho tiempo! Sin embargo, tu corazón enfermo me ha liberado.
  El hombre sonrió en silencio. Las comisuras de sus labios se hundieron en su rostro, otorgándole una expresión malsana. Estiró ambos brazos, cada uno hacia un lado, y volvió a cerrar los ojos. La serpiente nadó bajo la tormenta y se deslizó por las extremidades de El Loco. En unos segundos, el reptil se introdujo por la boca del humano.
    Se quedaría ahí dentro, disfrazada.

______
Escrito por Rubén Bellés, 2013.
Todos los derechos reservados.
Copyright©2013